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¿POR QUÉ NOS CUESTA TANTO LA COORDINACIÓN CON LOS CENTROS ESCOLARES?

Por qúe les cuesta tanto, e incluso les parece mal, a los profesores coordinarse ó facilitar la información que el profesional del ámbito privado necesita, para realizar la correcta evaluación y la consecuente intervención del niño, que nos llega con problemas neuropsicológicos infantiles: dificultades de aprendizaje, TDAH, Disfunción cerebral, etc.

Esta es una realidad con la que nos encontramos los profesionales cada día. El apoyo y la información del profesor o centro escolar es prioritaria, para el bien del niño, en definitiva.

Nos encontramos con niños a los que, por no haberle realizado una adecuada evaluación y su consiguiente diagnóstico de las dificultades que presenta, en ocasiones, se les tacha de “vagos”, “desobedientes”, “despistados”, ó en definitiva de niños problemáticos. De esta forma, se retrasan las intervenciones y el niño cada vez va peor. Esto lleva, a no utilizar las medidas educativas específicas que el niño precisa y al consecuente desgaste emocional, que tanto para el niño, como para la familia supone esta situación.

Nos llegan familias, en ocasiones, desesperadas porque desde el centro escolar no les dan soluciones. No siempre los orientadores de los centros pueden abarcar todas las evaluaciones que querrían, a veces por falta de medios y otras por falta de tiempo. En este transcurso el niño sigue arrastrando el problema y las dificultades cada vez son mayores, puesto que las exigencias académicas también aumentan. Los orientadores, profesores ó el centro escolar, no transmiten alternativas de posibles valoraciones o intervenciones a nivel privado. Tampoco se les informa de esta posibilidad a las familias, por lo que “se pierde mucho tiempo” y el que sufre las consecuencias es el niño.

Cuando la familia toma la iniciativa de acudir a nosotros y comenzar con la evaluación al fin, nos encontramos con la negativa de muchos profesores a colaborar en la facilitación de la información que deben aportar, a través de cuestionarios, pruebas ó registros que deben ser completados por ellos. Tampoco se muestran receptivos para colaborar y llevar a cabo las pautas necesarias para la evolución del niño. Y nos seguimos preguntando en qué parte del “camino” nos perdimos y dejamos de colaborar y de aprender los unos de los otros, tanto como profesionales, como personas. El psicólogo no juzga, eso no forma parte de nuestro trabajo, analizamos la situación y los resultados, y de la manera más objetiva posible nos ponemos a disposición del niño y del adulto para ayudarle a gestionar sus dificultades o emociones de la mejor manera posible. Cuando el profesor se “cierra” ante nosotros, a quien no ayuda es al alumno que más le necesita y eso creo que aún no se tiene claro. Los profesionales debemos ser, únicamente, meros facilitadores del bienestar cuando las dificultades asoman y prevenir que no se acentúen. La coordinación entre profesionales es un deber, por no decir una obligación que todos debemos tener en cuenta y llevarla a cabo. Partiendo de que existe un respeto, y un enriquecimiento mutuo entre ambos.

José Antonio Portellano, Doctor en Psicología, Neuropsicólogo y Especialista en Psicología Clínica, publicaba en su libro “Neuropsicología Infantil”, unas consideraciones que todos los profesores que trabajan con niños de 0 a 6 años deberían tener en cuenta, por ello me parece importante reflejar un resumen aquí:

  1. No excluir la hipótesis de disfunción cerebral (niños que con capacidad intelectual normal, presentan alteraciones en uno o varios procesos cognitivos o comportamentales, como consecuencia de alteraciones ligeras o moderadas del sistema nervioso) en caso de que el alumno presente fracaso escolar.
  2. Cuando se observen signos de inmadurez ó dificultad para el aprendizaje, persistentes en el alumno, es necesario alertar a los servicios de orientación. Muchas veces, los niños con fracaso escolar de tipo neurodisfuncional, empeoran sus dificultades al no haber sido adecuadamente evaluados ni tratados. Existe la falsa creencia de que los escolares inmaduros, con el paso del tiempo, mejoran espontáneamente. Y esto, no siempre es así.
  3. Mantener una actitud positiva hacia el niño con disfunción neurocognitiva, evitando posturas extremas de sobreprotección o incomprensión frente a su problema.
  4. Actuar coordinadamente con los profesionales que han diagnosticado ó que realizan el tratamiento neuropsicológico del pequeño.

En definitiva, transmitir, que resulta imprescindible la colaboración entre terapeutas y maestros para evitar actitudes pedagógicas inadecuadas. 

Mis felicitaciones y mi agradecimiento a todos aquellos que ya lo hacen, y de los que aprendemos cada día de su labor y constancia, y de su buen hacer con muchísimos niños, que tienen la suerte de haberlos tenido como su gran apoyo, en su proceso educativo y de aprendizaje; ya que sin vosotros, no sería posible.

Ana Isabel Rozas Prieto

Psicóloga General Sanitario